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Nacido en el siglo I a orillas del mar de Galilea, el cristianismo pasó de ser una pequeña secta judía a convertirse en la religión más extendida del planeta, dando forma al arte, al derecho, a las lenguas y a continentes enteros por el camino. Sus Escrituras reúnen la Biblia hebrea heredada del judaísmo y un Nuevo Testamento formado por los cuatro Evangelios, las cartas de Pablo de Tarso y el visionario libro del Apocalipsis — todo ello redactado en griego koiné y leído hoy por más de dos mil millones de creyentes.
A lo largo de dos milenios, esta fe se ha fragmentado y reinventado incontables veces. El Cisma de 1054 separó el Occidente latino del Oriente griego, dando origen a las tradiciones católica y ortodoxa, mientras que la Reforma del siglo XVI, impulsada por Martín Lutero, Juan Calvino y Enrique VIII, abrió el camino al protestantismo y a sus muchas ramas — luterana, anglicana, reformada, bautista, metodista, pentecostal. Cada tradición lee los sacramentos a su manera, mantiene una relación singular con la Virgen María y los santos, posee sus lenguas litúrgicas y sus sellos arquitectónicos, desde los iconos bizantinos hasta las catedrales góticas, pasando por las sobrias capillas de la frontera americana.
Detrás de las vidrieras se alzan las grandes figuras que han moldeado el pensamiento occidental: Agustín de Hipona definiendo la gracia y el libre albedrío, Tomás de Aquino reconciliando fe y razón, Francisco de Asís predicando a las aves, Teresa de Ávila escribiendo poesía mística. Ya sea que hayas crecido en esta tradición, la hayas dejado atrás o simplemente quieras descifrar las referencias que llenan museos, novelas y libros de historia, explorar el cristianismo es recorrer una parte enorme del legado del mundo.